Artículo de Pascual Serrano
VER Y/O BAJAR
Duermo en la ondulación de tu cuerpo.Besándote despierto y besándote duermo.Sueño con el mar desnudo de tu piel.Desnuda duermo para tenerte en mí desnudo.Te visto con el calor de mis labiosy mi tibia boca te desviste.Mis ojos brillan como el vientoque sostiene a los pájarosque hoy por ti se desgajan.Con frescura de campo mis labios muerdes,a la orilla de un río sofocas mis calores.Tu fuego cultiva gardenias en mis muslosy salvaje te ofrezco mis senospara en ellos colmes tus delirios.Calor de mi cuerpo develan tus manos,mis ondas tu espuma dibujanpara trastocar mi flor con tus besos.En tu espada de hierro vivoy como mariposa de tu hechizopalpitanteal fuego vuelo.Siento los dedos de tu estruendosa lenguami vientre saturado de rocío.Y entonces te beso.Te beso y te digo amorcon el entrecortado respirar de mi pecho.
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Poemarios completos de Lina Zerón
Él susurró que lo mejor sería no enamorarse, ella no le llevó la contraria, para qué si se sabía vencida. Ante todo se dejó acariciar por sus manos manchadas de ternura. Eso sí, no se enamoró de sus manos. Más tarde no impidió que sus labios muy lentos la abrasaran, pero tuvo cuidado, no se enamoró de sus labios, y aunque tampoco se opuso a que su lengua la hiriera sin remedio, no se enamoró de su lengua ni de sus ojos ni de su voz ni de la palidez que le subía a la cara entre los besos, esa palidez que a ella más y más la arañaba. Pero tuvo cuidado y no se enamoró. No, no se enamoró. Para qué si se sabía vencida. Una y otra vez volvieron a encontrarse. Sin amor. Eso sí, felices como niños.
Louvre Art Gallery 1
Tú de la aurora el esplendor sereno, bella rosa, gentil aparecías y en alas de los céfiros mecías tu puro cáliz, de belleza lleno. Soberbia alzando tu purpúreo seno ante las otras flores sonreías; que señora de todas, ser creías y prez y ornato del pensil ameno. Más ya burlando tu arrogancia fiera roba el tiempo la gala y los colores de que altiva pudiste hacer alarde: Llora perdida tu beldad primera, que ésa es la triste suerte de las flores, y nunca llega por desgracia tarde.
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