
Escrito bajo licencia CC
Se hallaba entre óleos y
caballetes, su mirada se fundía en los colores que el pincel arrastraba de su
paleta. Allí estaba, como siempre, envuelto en una nebulosa de misterio e
implacabilidad. Sonreía como un loco, sí aunque era distinto a mí era un bohemio
más amante del arte. Fue mecenas de dioses de la pintura y sedujo siempre a las
musas para que lo iluminaran. Me aproximé a él preguntándome si se había
molestado por mi última diablura. Mis cabellos rubios estaban desatados y caían
grácilmente sobre mi frente. Estaba hecho un pordiosero con aquella ropa mal
colocada, ajada y mugrienta.
-Tan desaliñado como siempre.-Dijo dejando a un lado la paleta y el
pincel.
-Estuve merodeando por uno de los bosques, adoro la nieve y fundirme
con la naturaleza.-Dije aún con las imágenes de aquel campo tan sumamente
blanco.
-Ya me han contado que fuiste a una de las tabernas del pueblo.-Comentó
con tono de enfado.
-Yo simplemente fui a contemplar como pasaban la noche un grupo de
jóvenes, no tengo culpa alguna de que tuvieran una guitarra y me animaran.-Dije
divertido, en mi rostro se dibujaba una sonrisa de excitación al recordar las
cuerdas y el aroma a sangre del tumulto.
-¿A qué? A hacer lo mismo que hiciste en aquel concierto ¿a eso?-Respondió
girándose por completo hacia mí, arqueó las cejas y gruñó. Sí, estaba enfadado
y yo sabía que tenía derecho a estarlo.
-Sí, a eso.-Mi tono era burlesco porque sabía que sus enfados eran
nada comparados al amor que me tenía. Me di cuenta entonces que mis diabluras
eran para llamar su atención y escuchar su voz sermoneándome.
-Lestat deja de echar las culpas a los demás, no puedes seguir toda la
eternidad de esta forma.-Dijo apoyando sus manos sobre mis hombros, su voz
en ese preciso instante era como la de un padre.
-Marius no es eso.- Comenté acariciando una de sus níveas manos.
-¿No es?-Dijo interrogativo y algo hastiado por mi comportamiento
de rebelde sin causa, volvió entonces a su tono anterior.- ¿Qué es?-Preguntó retóricamente.-Te suplico que no hagas algo y
lo haces, no puedes hacer nada por mí. Lo poco que pido desobedeces.- Comentó
apartándose de mí para mirarme con deseos de destruirme por completo, pero como
él había dicho jamás podría hacer semejante locura.
-No vine aquí para discutir, no quiero molestarte y mucho menos que
escupas todo lo que piensas de mí en una parrafada.-Me sentía dañado, no
entendía hasta que punto le necesitaba y amaba. Siempre había recurrido a él, a
mi maestro, y era evidente la razón.
-¿A qué viniste?-Preguntó.-¿A
pedir consejo? Consejos te he dado miles y no sigues ninguno, ya me cansé de ti
y de tus lamentos.-Me recriminó volviendo a tomar la paleta y a seguir con
aquel maldito cuadro.
-¡Idiota!-Espeté lleno de furia.-¡Vengo
a abrir mi corazón y me recriminas mis juegos de crío insolente! ¡En verdad
maldito viejo verde te encanta la idea de que haga lo que no te atreves! ¡No
vine a discutir! ¡Tan sólo vine a decirte que te amo! ¡Pero quédate con tus
pinturas y tus hermosas creaciones! ¡Ya me cansé de llamar tu atención para nada!-Dije
tras tomar impulso, después sentí una presión en mi corazón que parecía querer
estallar. Me tambaleé levemente y me aferré a uno de los caballetes.
-Al fin dices algo coherente, pero ya lo sabía.-Comentó sonriendo
mientras apartaba sus enseres y me tomaba en sus brazos.-Aunque como ya te dije una vez te amo, te adoro y eres un maldito
insolente con un encanto de mil demonios.-Susurró besando mi cuello. No
podía creer lo que oía, era todo bastante surrealista y quedé en silencio.
-¿Lo sabías?-Tartamudeé y recordé su don de leer la mente del
resto, sin embargo la mía debía estar sellada al beber sangre de él alguna que
otra ocasión. Sentí sus manos apoderarse de mi espalda mientras sus labios
rozaban mis mejillas.
-Querido eres para mí un libro abierto.-Respondió sonriendo y yo me
anclé a sus lascivos labios. Mi lengua se volvió un huracán de pasión y mis
brazos rodearon su cuello. Mis dedos jugueteaban con sus cabellos, se enredaban
en ellos, mientras los suyos se hundían en mis ropas.
-Siempre he deseado estar de esta forma, en tus brazos, y nunca lo vi
posible.-Susurré tras liberar su boca de la mía.-Me perdí en un bosque
llamada decepción, me decepcionaba a mi mismo no poder mejorar para que tú me
contemplaras con satisfacción. Tus otros pupilos han tenido suerte y no han
sabido aprovechar los dones de un maestro, sin embargo yo soñaba con palpar una
sensación como esta.-Dije incrustando mi mirada en la suya.
-Para mí siempre serás el consentido, el malcriado.-Comentó para
luego deslizar su boca por mis mejillas y luego por mi cuello. Me arrastró en
un vals de caricias hacia un pequeño sofá en su estudio. A pesar de que era
poco espacioso era cómodo y me recostó allí con delicadeza, mientras me besaba
con brusquedad. Sentí como sus manos se deslizaban por mi pecho y desabrochaban
los botones de mi blusa. Mis piernas se enlazaban a su cuerpo mientras le
contemplaba. Su rostro estaba habitualmente calmado hasta que su irascibilidad
hacía mella, si bien en ese instante era una obra de arte dedicada a la lascivia. Cuando sus
labios surcaron mi torso no pude resistirme y acabé jugueteando con su melena.
Sus dedos se posaron sobre mi entrepierna haciéndome temblar y echar hacia
atrás mi cabeza. Noté que bajaba la cremallera de mis pantalones para luego
tirar de ellos con energía. En breves minutos estaba desnudo bajo su cuerpo y
sus garras se deslizaban por el mío. Su boca se apoderaba de la mía, su lengua
secuestraba mi aliento y mis dientes rozaban sus labios mordiéndolos. Cuando
sus fauces dejaban que respirara agitadamente iban a mi cuello para seducir a
mi piel. Mis manos se anclaron a sus hombros cuando vi lo que pretendía. Cuando
sus dedos bajaron a mi entrada y se sumergieron con brío en ellas, aquel
encuentro me arrancó varios gemidos y él río descarado.
-Con todos puedes menos conmigo.-Susurró besándome dulcemente los
labios.
-Quítate la ropa.-Dije intentando levantarme un poco para deshacerle
de su túnica de color sangre.
Sus labios volvieron a mí y sentí
el calor de su boca mientras con esfuerzo le ayudaba a desnudar su figura. Su
piel era suave y marmórea, su tacto era algo frío aunque había cazado. En su
juventud había sido un estudioso, sin embargo su cuerpo deslumbraba el poderío
de un guerrero. Continuamos besándonos y él regresó a mi entrada, para luego
percibir que se encaminaba a tomar mi miembro entre sus fuertes mandíbulas.
Cuando lo sentí mi sexo se endureció algo más mientras su lengua recorría toda
su extensión.
-Te necesito.-Susurré ahogado por el placer.-Te necesito en mí.-Dije entre jadeos. Con él me volvía débil y
quería derrumbarme en él. En ese mismo segundo apartó sus garras de mi trasero
y entró cortándome el aliento. Sus besos cada vez eran más apasionados. Cuando
se sumergía en mí por completo rozaba mis labios con los suyos o con mi lengua.
Su miembro rozaba lo más profundo de mi ser y en un vértice de placer
insaciable. Dejé que mi boca fuera fuente de goce y que mis gemidos fueran
expulsados sin remilgos. Él jadeaba fundiendo sus ojos azules en los míos.
Comenzó a moverse a una velocidad vertiginosa quedando a expensas de su furia
animal. No tardé demasiado en dejar que mi simiente manchara mi vientre y el
suyo. Era sanguinolenta, como mi sudor y el suyo, pero sin embargo rezumaba
aroma a sexo. Él me siguió con un gruñido que retumbó por toda la casa. Mis
piernas temblaban y apenas podía moverme bajo su estructura. Me bañó en
caricias y me cubrió dándome calor quedándome dormido entre sus brazos.